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Cultura popular. Arlequins de Canillo

Mañana 12 de febrero de 2021 se pondrá en circulación un sello de correo correspondiente a la serie del Principado de Andorra «Cultura Popular», denominado «Arlequins de Canillo».

Características técnicas:

– Procedimiento de impresión: Offset.

– Soporte: Estucado, engomado, fosforescente.

– Formato del sello: 40,9 x 28,8 mm (horizontal).

– Dentado del sello: 133/4 (horizontal) x 131/4 (vertical).

– Efectos en pliego: 25 sellos.

– Valor postal del sello: 1,50 €.

– Tirada: 55.000 sellos.

La festividad de carnaval que se celebra en la parroquia de Canillo tiene como protagonistas a unos personajes llamados arlequines que, ataviados de forma estrafalaria y de vivos colores, recorren la población al ritmo de la música y arrojando confetis.

Se desconoce el origen de esta tradición, pero gracias a fotografías y a otros documentos, se puede rastrear hasta principios del siglo XX, cuando, según la opinión más generalizada, fue importada por trabajadores de Canillo que tuvieron que emigrar a Francia.

En su origen se disfrazaban únicamente los hombres, con unos vestidos que se confeccionaban en los hogares a base de retales de distintas formas y colores que se cosían sobre un pijama o ropa de color claro, sobre los que a su vez, se añadían flores y cascabeles. Antaño, un sombrero plano de color blanco remataba el atuendo, se ataban grandes cascabeles en los tobillos y en la mano portaban una fusta que la hacían chasquear al ritmo de las canciones. Una careta de malla metálica o pintada cubría el rostro, completando de esta forma el disfraz de arlequín.

En la actualidad, una capucha sustituye el sombrero, el maquillaje a la máscara y en vez de usar la fusta, arrojan confeti y harina.

Los arlequines podían aparecer en cualquier momento de la celebración, aunque su aparición principal sucediera después de colgar al carnestoltes, el rey del carnaval, y comenzaran a desfilar por las calles de la parroquia. Organizados en cuadrillas, recorrían las calles de casa en casa, para “robar l’olla”, y convidar a todos aquellos que quisieran sumarse al desfile.

En la actualidad, es una tradición singular y participativa, que pervive entre pequeños y jóvenes que disfrutan recorriendo Canillo sobre carrozas, y que desde 2010 está considerada como una muestra cultural protegida, clasificada como Fiesta de Interés Cultural.

 

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