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El Correo en la España de los Austrias (I)

La Tarifa de costumbre para la correspondencia interior 

Son muchas las interpretaciones que se han hecho sobre los porteos de las cartas de los siglos XVI y XVII, tratando de deducir la tarifa oficial a la que se ajustaban.

En mi opinión, encontrar el tarifario oficial que regule los portes de aquella época es un esfuerzo inútil, ya que el porteo de las cartas no tiene un origen postal y este se relacionaba con los usos y costumbres seguidos desde muchos siglos atrás. El porteo de una carta era lo que el remitente anotaba en su cubierta frontal antes de entregársela a un arriero, o a un caminante de paso para que la entregara a su destinatario, el cual la abonaría al mensajero.

Tiempo después, esta práctica será seguida por los correos extraordinarios despachados por cuenta de algún cliente notable, que será quien pague la tasación del viaje, que junto a la valija principal llevarán otra segunda con las cartas de particulares que le habrían entregado poco antes de emprender el viaje y que se dedicará a dar a sus destinatarios a cambio de los portes reflejados en las cubiertas una vez hubieran entregado el pliego principal.

Nos consta que las primeras anotaciones de porteo en cartas en la Península Ibérica, se remontan al año 1396. Son cartas circuladas en los territorios de la Corona de Aragón por importe de 1 sueldo, o su equivalente de 12 dineros. Esa cantidad expresada en moneda aragonesa se corresponderá con el medio real castellano de 17 maravedís, con el que observamos que comienzan a portearse las cartas sencillas en Castilla a finales del siglo XV.

Hacia el último tercio del siglo XVI los correos mayores arrebatarán el beneficio de los portes de las cartas particulares a los correos extraordinarios y empezarán a sacarles más partido con la creación de los ordinarios y las estafetas a partir de 1576 estableciendo servicios postales permanentes y en días concretos abiertos al público en los que diferentes postillones se relevarán el transporte de la valija de la correspondencia.

De San Mateo a Valencia (30.03.1397). “Dentur XII dns” (sean dados doce dineros), uno de los porteos más antiguos conocidos hasta la fecha.
De Tortosa a Barcelona (12.08.1404) “donatli i sou” (entrégale un sueldo).
La equivalencia de la moneda aragonesa con la castellana quedaba establecida así:
12 dineros = 1 sueldo = 17 maravedís = 1/2 real.

Será el porte de medio real el mayoritario durante los siglos XVI y XVII en las miles de cartas que se conservan de esa época. En menor medida también encontraremos cartas porteadas con 8 maravedís y 12 maravedís, que los contemporáneos denominaban  “portes diminutos” o “portes menudos”, y cantidades expresadas en moneda local (tarjas en Navarra, sueldos y dineros en la Corona de Aragón).

Las conclusiones que hemos podido obtener del análisis de estos portes son las siguientes:

1.- No existía una tarifa oficial para la correspondencia interior, ya que la explotación de los servicios postales de la época se encontraba en manos de particulares que gozaban de un privilegio real (regalía), con una mínima intervención estatal en la gestión del correo. Cuando la Corona empezó a interesarse en los beneficios generados por las estafetas fue a partir de la muerte del segundo conde de Villamediana en 1622 en que los fiscales del rey entablaron un largo proceso judicial con el correo mayor Íñigo Vélez de Guevara y Tassis, conocido como el Pleito de las estafetas que, por cierto, finalmente acabó perdiendo frente al correo mayor.

      De Trujillo a Coria (08.02.1665). “Mº RL” (medio real) para una carta de volumen de un pliego de papel en virtud de la tarifa de costumbre.

2.- La correspondencia se porteaba conforme al peso o al volumen del envío, con independencia de la distancia recorrida, tal y como se venía haciendo desde siglos atrás. La prueba más palpable para sostener esta teoría es el hecho de que hasta que no se estableció el criterio de la distancia conjugado con el peso en las primeras tarifas oficiales de 1716, no se encontró la necesidad de crear las marcas postales de origen.

3.- Según testimonios de la época la “tarifa de costumbre” estipulaba el porte de medio real (diecisiete maravedís) para las cartas sencillas de un pliego (actual DinA3). A partir de ahí las cartas y paquetes se portearán proporcionalmente: un real las cartas de dos pliegos, real y medio las de tres pliegos, etc.

4.- Tal y como sucedía en la Edad Media, esta tarifa no era exclusiva para los correos oficiales sino también se solía utilizar para pagar a los arrieros, o viajeros particulares cuyo destino coincidiera con el de la carta, y a quien se le pedía el favor de entregarla a cambio de la compensación económica o propina reflejada en el porte.

5.- Esta tarifa conocerá de gran cantidad de excepciones (en otro artículo hablaremos de los portes inferiores al medio real), dado que la lógica que imperaba entre las gentes de aquella época es que el aliciente de cobrar el porte garantizaba la entrega de la carta a su destinatario. Por tanto, cuanto más importancia tuvieran los asuntos contenidos en la misiva mayor sería el porte que se anotaría en el ángulo inferior izquierdo de la cubierta del sobrescrito, para que el mensajero extremara el cuidado de no perderla por el camino.

De Oporto a Medina del Campo (17.10.1582). “de porte hun Real de prata – 34 ms” (un real = 34 maravedís) para una carta doble de dos pliegos según la tarifa de costumbre para la correspondencia interior. Hay que recordar que Portugal estaba integrada en la monarquía Católica de Felipe II desde 1580.

De Granada a Medina del Campo (04.01.1570). “Porte mº real – 17” para una carta de volumen de un pliego de papel en virtud de la tarifa de costumbre. Contiene además la anotación: “esta se ponga en casa del coreo mayor para que vaya luego

David Gonzalez Corchado

 

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