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El Correo en la España de los Austrias (III)

La imposibilidad del franqueo previo en origen 

La respuesta a la pregunta de si existía la posibilidad de abonar el pago de la correspondencia en el lugar de origen es categórica: no existió, ni era posible que existiera. Ni aún después de haber asumido la Corona el control del Correo oficial en 1716 se pudo iniciar esta práctica, salvo ocasiones muy puntuales y justificadas, hasta el último cuarto del siglo XVIII.

Durante los siglos XVI y XVII existía un refrán muy popular que decía “a dineros pagados brazos quebrados”. No era lo frecuente, con carácter general, pagar por un servicio que aún no se había ejecutado, por eso el pago a portes debidos de la correspondencia fue el habitual hasta la llegada del sello de correos en 1850.

Para entender este hecho hay que detenerse a reflexionar sobre la situación postal de la época: cada villa o ciudad de importancia contaba con un oficio de correos regentado por una persona particular que pagaba un arrendamiento por su explotación de forma más o menos directa al correo mayor general de España o a otros que a su vez lo habían arrendado para especular. Hay que recordar que hasta el año 1706 la gestión de los correos en España estuvo en manos de la familia Tassis.

Este particular, intitulado también como correo mayor o más exactamente, teniente del correo mayor para una población o territorio específico, tenía un amplio margen para la gestión de su oficio, siempre y cuando no abusara de sus clientes; y puesto que las propias instituciones de la Corona formaban parte de esa clientela, esta velaría porque así fuera. Es decir, un correo mayor podía eximir del pago de las cartas a quien creyera oportuno, rebajar los portes, o apartar la correspondencia, ya que era el dueño y propietario de las cartas que llegaban a su oficio, pero no de las que salían de él, que eran competencia del oficio de correos de destino. Permitir el franqueo de la correspondencia en origen supondría usurpar los portes al correo mayor que tendría que recepcionar y distribuir la correspondencia que le llegaba.

De Oropesa a Trujillo (16.02.1684). “Con su P.P.”  [con su porte pagado]. Carta transportada con arriero que acompañaría algún tipo de mercancía cuyo porte se habría abonado en origen tal y como indica la anotación.

Si existiera la posibilidad de remitir la correspondencia franca, cualquier correo mayor podría establecer una tarifa más baja para este tipo de envíos (tal y como se hizo en 1850, para popularizar el uso del sello de correos), de manera que podría obtener beneficios de los portes tanto de la correspondencia recibida como de la despacha. Con toda seguridad esa práctica no habría sido tolerada por sus compañeros de gremio quienes denunciarían a las autoridades este proceder o, lo que sería peor, iniciarían una guerra de rebaja de precios.

De Córdoba a Medina del Campo (25.01.1583). “Va pagado el porte de los 1200 reales hasta Medina”. Carta transportada con arriero acompañando una cantidad dineraria por importe de 1200 reales, cuyo porte se abonó en origen.

Todos los testimonios que hemos encontrado nos indican que cuando un remitente quería ahorrarle el pago del porte al destinatario, introducía la propia moneda en el interior del sobrescrito, esto no sería necesario si hubiera la opción de mandar la carta franqueada.

Sin embargo, es cierto que en algunos sobrescritos aparecen anotaciones expresas que indican que el porte de la carta había sido pagado en origen, incluso la costumbre de anotar dos líneas paralelas en la esquina inferior izquierda donde se encontraba el porte se ha venido  interpretado tradicionalmente como sinónimo de carta franqueada en origen. Ambas teorías incurren en un error de base y es considerar que dichas cartas circularon a través del correo oficial, cuando no fue así.

A nuestro juicio estas son las causas que justificarían el pago en origen del despacho de una carta, todas ellas ajenas a su circulación a través del correo oficial:

1.- Cuando se despachaba un mensajero privado, llamado “propio”, se podía convenir el pago del mismo en origen, en destino, o la mitad en el momento de contratarlo y la otra mitad cuando la carta se había entregado y el propio retornaba a su origen. También podía pagar una parte el remitente y la otra el destinatario. El caso, es que cuando el servicio se abonaba en origen en ocasiones se hacía constar esta circunstancia en el frontal del sobrescrito para evitar que el mensajero pudiera exigir también el porte a un destinatario ignorante este de que el mensajero ya había recibido su retribución.

2.- La práctica seguida por arrieros, trajinantes, ganapanes, etc, de transportar correspondencia junto con las mercancías que llevaban fue perseguida desde siempre por los correos mayores, quienes trataron de defender a toda costa su monopolio postal. No ocurría lo mismo con las llamadas “cartas de recado”, que acompañaban a una determinada mercancía advirtiendo en su cubierta del producto que transportaban o que se habían satisfecho los derechos de porte del mismo en origen, y no del porte de la propia carta.

Esperamos que los argumentos y explicaciones ofrecidos en este artículo hayan resuelto con carácter definitivo esta cuestión tan controvertida de nuestra historia postal.

De Salamanca a Medina del Campo (01.06.1596). “Ba pagado el porte”. La anotación se refiere a que se ha pagado el porte de la mercancía que acompañaba esta carta remitida a través de un arriero o carretero.

De Zamora a Medina del Campo (20.02.1568). “Va pagado el porte de todo”. La anotación se refiere a que se ha pagado el porte de todo el género que acompañaba esta carta remitida a través de un arriero o carretero.
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