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El Correo en la España de los Austrias (IV)

Los sobrescritos sin anotaciones postales 

Las cartas que no contienen signos o anotaciones postales en sus cubiertas presentan un reto a la hora de interpretar correctamente la forma en que llegaron hasta su destinatario. No obstante trataremos de ofrecer algunas causas que explicarían este hecho y que hemos podido obtener del análisis de fuentes primarias de la época:

1.- La carta no circuló por el correo oficial. Es la explicación más sencilla y además podemos constatar que eran numerosas las misivas que circulaban por vías diferentes a las del correo ordinario, y aunque ya hemos visto que este tipo de cartas también podían llevar porte, no era estrictamente necesario, ya que pudo realizar el viaje en el bolsillo de un viajero que guardara relación con el remitente y a quien confiase la entrega de la carta sin cobrar por ello.

2.- La carta se encontraba dirigida a una persona o institución que contaba con exención del pago de los portes. Lo habitual era hacer constar en el ángulo inferior izquierdo del sobrescrito  la institución que remitía la carta y que gozaba de franquicia: “Inquisición”, “Real Servicio”, “Casa de Contratación”, “Virrey”, “Capuchinos”… No obstante, cuando la franquicia asistía únicamente al destinatario y no procedía de ninguna autoridad, no se anotaba ningún signo en especial, simplemente se hacía constar el nombre de la institución o autoridad a quien se dirigía. Este era el caso de muchos ayuntamientos, corregidores y otras autoridades municipales que pactaban con los correos mayores correspondientes la exención del pago de los portes a cambio de una ayuda de costa u otros privilegios de tipo postal.

De Madrid a Trujillo (1668). La carta no contiene anotación de porteo, debido a que el corregidor de Trujillo gozaba de privilegio de franquicia, por convenio suscrito con el correo mayor de dicha ciudad, mediante el pago de 100 reales anuales como ayuda de costa

3.- La carta se entregó sin porte con la pretensión de que fuera entregada “de favor”. Aunque pueda resultar chocante, muchas personas escribían una carta y la echaban por la rendija practicada en la casa de correo mayor sin ninguna anotación de porte, con la esperanza de que esta fuera entregada por merced del correo mayor de destino. Obviamente los oficiales de correo podrían concederles esa gracia o no.

De Cáceres a Granada (22.09.1593). La carta fue remitida probablemente de manera privada a través de algún viajero de paso o conocido, sin cobrar nada, al no tener ni porte ni estar creada, por aquel entonces, la estafeta entre estas dos poblaciones.

3.- La carta viajaba bajo pliego. Esta práctica explicaría la mayor parte de las cartas sin portear que encontramos en esta época, ya que estaba muy extendida en los siglos XVI y XVII. Conviene que nos detengamos más en ella para entender su funcionamiento:

De León a Madrid (20.05.1581). Dos líneas paralelas con adorno, para impedir que se le aplicara un porte fraudulento, no para evidenciar que hubiese sido pagado en origen.

 Hay que comenzar diciendo que el servicio de carteros a domicilio no entró en vigor con carácter general hasta algunos siglos más tarde. Esto significaba que las personas particulares debían acercarse a la casa del correo mayor los días que llegaba la estafeta para consultar en las grandes listas que se exhibían al público si figuraba su nombre como receptor de alguna carta o pliego. Si un individuo no recibía habitualmente correspondencia, sería lógico y natural que no se pasara con regularidad o que lo hiciera con muy poca frecuencia. Además el servicio de correos generaba muchas inseguridades a los usuarios en cuanto a que la carta llegara a su destino sana y salta cuando ésta viajaba suelta. Por estas razones muchos usuarios confiaban sus cartas a personas notables de su ciudad que tenían una correspondencia constante y abundante con algún otro personaje del lugar de destino. Estos personajes, principalmente comerciantes, nobles u organismos del Estado, solían realizar un único envío con mucha correspondencia, despachos y otros documentos agrupados en paquetes llamados pliegos. Los particulares acudirían a estos personajes rogándoles que les hicieran el favor de incluir su carta debajo del pliego que contenía su correspondencia, de manera que cuando lo recibiera el destinatario debería tener la cortesía de enviar a algún criado a entregar la correspondencia a sus destinatarios (la cual podría llegar porteada o no en función del acuerdo que hubieran alcanzado el receptor del pliego y el destinatario de la carta). La costumbre de remitir las cartas bajo pliego o en pliego ajeno otorgaba mayor seguridad a sus usuarios; aunque cuando se utilizaba para este fin pliegos de correspondencia oficial que viajaba con privilegio de franquicia constituía un fraude al correo, puesto que los particulares se ahorraban los portes aprovechando la exención de que gozaba el destinatario del pliego.

En el caso de que la carta no llevara porteo, el remitente en ocasiones desearía que el criado despachado al domicilio del destinatario pudiera caer en la tentación de anotar una cantidad en ese hueco en blanco de la esquina inferior izquierda de la cubierta, con la intención de cobrarlo para su beneficio; la mejor forma de evitarlo sería anotando dos líneas paralelas en ese mismo espacio que impediría que se pudiera manuscribir el porte fraudulento. De hecho, hasta las primeras décadas del siglo XVIII las anotaciones de porte en los sobrescritos se hacían siempre de la misma mano del remitente, expresando así su tácita voluntad de que su corresponsal satificiera al mensajero privado, correo oficial, arriero o particular la pequeña propina por el servicio realizado.

De Valencia a Medina del Campo (02.07.1563). Dos grandes líneas paralelas para impedir la anotación de un porte  fraudulento, no para evidenciar que hubiese sido pagado en origen en el caso de haber circulado por el correo.

También pudo haber sido despachado por alguna modalidad fuera de valija (un propio, arriero, viajero privado…), en cuyo caso no se descarta que el porte se lo hubieran abonado en origen, pero ahí no estaríamos hablando de correo oficial.

David Gonzalez Corchado

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