
En Arganda del Rey tuvo lugar el feliz nacimiento de los quijotescos sellos para la Correspondencia Epistolar Escolar, concretamente en el Colegio CP “Rosalía de Castro”.

Díptico anunciando la presentación de los sellos para la Correspondencia Epistolar Escolar en Arganda del Rey.
a la vez que se inauguró la exposición filatélica conmemorativa “Centenario del 98” (Foto 10), cuando España perdió todas sus colonias de ultramar y nos quedamos ante la sociedad internacional con una mano delante y otra detrás.

Mingote departe con María Ángeles Albarán, Directora del Colegio CP “Rosalía de Castro”, en Arganda, acompañado por José P. Gómez-Agüero y José Manuel Grandela.
A ese respecto, cuando más tarde almorzamos en asientos contiguos, Mingote me comentó –con un deje de sarcasmo-, que la exposición filatélica conmemoraba el que “en España se había vuelto a poner el sol”, tras la grandeza del imperio de Felipe II (el de la silla) en el siglo XVI. (Antes de cambiar de tema, vaya por delante mi aplauso por la intensa e insuperable labor desplegada por la Comisión de Juventud de FESOFI, que nos hizo sentir a todos los adultos jóvenes una vez más. ¡Gracias!)
En ese mismo año de 2005, concretamente el 23 de febrero, Antonio Mingote recibió el nombramiento de Académico Honorario de la Real Academia Hispánica de Filatelia e Historia Postal, lo que fue un honor para todos los académicos de hecho, y a los que estábamos en capilla para nuestro ingreso. Y al hilo de estos nombramientos rimbombantes, que siempre dan jabón y prestancia a sus titulares, recuerdo con cariño que el novísimo académico me regaló una copia de su discurso de ingreso en la RAE, que tituló “Dos momentos del humor español. Madrid Cómico – La Codorniz”. Para pasmo mío, y supongo que para todo el que haya tenido ocasión de leerlo, el comienzo de su disertación arranca con una frase del famoso cómico hollywoodiense Groucho Marx: “Señores Académicos, permítanme que recuerde aquí ahora la frase del ilustre pensador americano Groucho Marx en trance de ingresar en determinado club: “Yo no puedo entrar en un lugar en donde se admite a individuos como yo.” Genio y figura, tanto el americano como el español.
En el año 2000, Mingote volvió a lucirse en un sello de Correos porque diseñó el valor de 0,42€ dedicado a la popular e hilarante obra de teatro “La venganza de don Mendo”, de la serie “Personajes de ficción de la Literatura Española”. El famoso dramaturgo autor de la obra, Pedro Muñoz Seca, había nacido en El Puerto de Santa María, y allí se hizo la presentación con el acompañamiento de su nieto Alfonso Ussía conocido periodista y escritor, y amigo personal de Antonio Mingote, que no dudó en dibujar el sello que reproducimos aquí parcialmente en su presentación.

Mingote en El Puerto de Santa María presentando el sello que diseñó para la obra teatral “La venganza de don Mendo”, honrando la memoria de su autor Pedro Muñoz Seca.
Por si algún lector no lo sabe aún, Pedro Muñoz Seca fue vilmente asesinado el 28 de noviembre de 1936 en una de las llamadas “sacas” de Paracuellos del Jarama, junto a otros miles de españoles “desafectos” al Gobierno del Frente Popular.
En el año 2001, el Cuartel General del Ejército recompensó la desprendida colaboración de Antonio Mingote durante 16 años dando vida gráfica a los Premios Ejército, y a un sinnúmero de actividades castrenses diversas, como el homenaje a “nuestras” palomas militares, ya mencionado. El acto se celebró al aíre libre en el Patio de Armas del Palacio de Buenavista, con toda la galanura castrense que requería el acto. Acudí al mismo, ¡faltaría más!, invitado por el entonces JEME, General de Ejército Alfonso Pardo de Santayana, quien hizo entrega de la Distinción Especial Premios Ejército a Mingote, consistente en una espada reglamentaria del uniforme de gala de un jefe del Ejército

Antonio Mingote recibe en el Palacio de Buenavista de manos del JEME, Alfonso Pardo de Santayana, la Distinción Especial Premios Ejército por su dilatada labor en pro del Ejército.
Al finalizar el acto, Mingote me presentó a Alfonso Ussía y a José Luis Coll, que pertenecían a su ámbito de amistades más cercanas. Yo celebré doblemente la ocasión porque era admirador de ambos personajes.
En el año 2005, su amigo Alfonso Ussía, que también sigue sorprendiéndome, se descolgó con un pasodoble dedicado a Antonio Mingote, y que lleva su nombre, con música de Abel Moreno.

Mingote con los autores del pasodoble con su nombre. Alfonso Ussía (letra) y Abel Moreno (música).
Tengo la letra, pero jamás he oído una sola corchea del mismo, ni mucho menos lo he bailado, y no sé si Mingote se atrevió a intentarlo alguna vez. Al menos voy a plasmar la primera estrofa:
Antonio Mingote genial dibujante
Y como Cervantes viejo militar
El Genio de España nos deja su lujo
En cada dibujo de la actualidad
En el año 2008, Mingote se lio la manta a la cabeza (más aún) y se zambulló en la preparación de dos libros divulgativos de la Ciencia, que tanto veneraba, en colaboración del colega académico de la RAE José Manuel Sánchez Ron, y así mismo catedrático de Historia de la Ciencia. El primero, editado ese mismo año, fue bautizado “¡Viva la Ciencia!”, y contiene un ameno repaso del desarrollo de ese amplísimo campo a través de los “40 principales” que destacaron durante varios siglos, y que muchos de nosotros hemos estudiado en mayor o menor profundidad en el añorado Bachillerato de los planes 1948, 1953 (el mío) y 1958.
Y al año siguiente (2009) dio a la luz otro libro que tituló “El mundo de Ícaro”, con el que me siento especialmente unido, ya que explica desde la maestría de sus dibujos y palabras, “todo aquello que está por encima de nuestras cabezas”, según la propia definición de Mingote. “Su” historia de la aeronáutica y posteriormente la astronáutica, a la que tengo una especial querencia dada mi ejecutoria profesional en la NASA durante 40 años, se vertieron en algunas de las tertulias caseras, siempre con el humeante cafelito tras la sonrisa de Isabel, versando sobre mi experiencia profesional con el Programa Apollo, que puso a 12 hombres en la superficie lunar. Mis vivencias personales en directo en los momentos más cruciales, difíciles y gloriosos de tan ambiciosos logros, causaron la lógica expectación de Antonio Mingote, por tener a su vera a un testigo de primera mano del “Pequeño paso para un hombre…”, que recitó Neil Armstrong aquella interminable noche española del 21 de julio de 1969.
Dos de los personajes con capítulo propio en el libro “El mundo de Ícaro”, son precisamente Neil Armstrong (primer hombre en pisar nuestro satélite), y el prodigioso alma mater de los programas espaciales norteamericanos, Wernher von Braun, con quien también tuve la suerte y el orgullo de mantener un sustancioso vis à vis sobre el futuro primer viaje a Marte.
La sobrecarga de compromisos que Mingote recibía casi constantemente desde todos los frentes, fue ralentizándose por su precaria salud, compañera fiel de una avanzada edad, a la vez que lentificó nuestros encuentros caseros.
A pesar de ello, ese mismo año 2010 aún escribió otro libro, a pachas con su amigo Alfonso Ussía, “¡Que se vayan!”, con texto y dibujos críticos a los politicastros que estaban –y están- desintegrando España. ¡Y eso le dolía mucho, como a cualquier español de bien!
El 2 de diciembre de 2011 le fue concedido a Antonio Mingote por el Rey Juan Carlos I el título de Marqués de Daroca. Fue un reconocimiento a su fecunda vida de nonagenario para que sirviera de ejemplo y guía de posteriores generaciones. Cuando le llegaron a Mingote los rumores de que en la Casa Real estaban gestando la concesión del título de Marqués, también le llegaron que el título propuesto era el de “Marqués de Mingote”. La idea no fue del agrado de su titular, porque consideraba que la eufonía de su apellido no añadía prestancia a tan honorable marquesado. Y así fue, que S.M. hizo un trueque al gusto del académico, y sustituyó el título inicial por el de “Primer Marqués de Daroca”, que satisfizo plenamente a Mingote, ya que en aquella ciudad habían transcurrido su infancia y mocedad.
Y he llegado con este recordatorio a donde no quería llegar, al adiós definitivo, total y absoluto de Antonio Mingote un 3 de abril de 2012, de aquel inconmensurable amigo que, sin proponérselo, me enseñó y en cierta medida me educó, porque fue volcando sobre mí, en nuestras numerosas tertulias, grandes dosis de humanidad, mesura, sutileza, y desde luego ironía edulcorada para no herir de frente a nadie.
Durante los tres últimos años de su vida, Mingote padeció una pérfida enfermedad con dolores a veces insufribles que él soportaba y disimulaba platicando con quien le prestara un hálito de cariño. En una ocasión un amigo que, a sabiendas de su terrible mal, le dijo piadoso: “Tienes un aspecto estupendo”, el siempre genial dibujante contestó: ”El aspecto no duele”, como queriendo atenuar intensidad a su tormento.
Correos una vez más estuvo al quite del sentir común, y preparó un sello en su honor de precioso acabado, que nos brinda su efigie y recuerda su franquicia de Cartero Honorario

Sello emitido por Correos al año del fallecimiento del Cartero Honorario Antonio Mingote, junto a su franquicia.
La Filatelia le había regalado al fin el homenaje más preciado, un sello propio.
La ausencia de Antonio Mingote dejó huérfana a la sonrisa; fue el creador del abrazo más profundo entre la palabra y el trazo, y demostró una enorme capacidad para saber escuchar y aprender de lo que le echaran. Me decía que el arranque de su día a día laboral era una auténtica agonía, porque un folio en blanco es siempre una aventura, aunque tu cabeza sea como una olla hirviendo de ideas.
Tras recibir uno de los muchos honores que fue acumulando a lo largo de su vida, me señaló: “El éxito no me hace feliz. Me ha hecho feliz lo que he trabajado por conseguirlo. Si volviera a empezar, volvería a partirme el pecho por conseguir lo que luego me importará un pimiento.” No era la primera vez que una sentencia suya me dejaba in albis y silente.
Al año siguiente del fallecimiento de nuestro humorista del siglo (y pico), el Ejército de Tierra montó una magnífica exposición en su honor en el Alcázar de Toledo, sede actual del Museo del Ejército, bajo el nombre de “Mingote y el Ejército”. Como colaborador y asesor histórico del Museo, un servidor recibió la invitación del Director del mismo, y en ambiente tan entrañable y propicio volví a saludar a Isabel Vigiola, acompañándola durante todo el recorrido de la magna exposición, buena parte de la cual la había cedido ella misma para la ocasión.

Isabel Vigiola, viuda de Antonio Mingote, visita acompañada de José Manuel Grandela la exposición “Mingote y el Ejército” en el Museo del Ejército en el Alcázar de Toledo. Foto por cortesía de ABC.
Al comenzar este escrito en honor a Antonio Mingote me propuse ser escueto e incluso parco en anécdotas, vivencias conjuntas, y otras muchas historias que le oí referir o que me contó personalmente, pero mi Personaje Inolvidable dejaba chica a cualquier enciclopedia, así que con todo el respeto a su memoria y amistad, he echado el freno aquí y ahora.
¡Un abrazo, Antonio, te echo de menos!
José Manuel Grandela Durán. Académico de la RAHFeHP.
FEB
2021
