
Mi primer encuentro personal con Antonio Mingote se lo debo a una excelente exposición filatélica que tuvo lugar en el Museo Postal del 20 al 27 de febrero de 1998, organizada por la Federación Centro (FECESFI), con el decidido apoyo de FESOFI, el patrocinio de Correos y Telégrafos y el del Ejército de Tierra. Estoy hablando de la exposición “Las Comunicaciones y el Ejército en la Paz”, que hermanó una vez más al Ejército y a la Filatelia, en esta ocasión apoyados en el 75º aniversario del Servicio Colombófilo Militar (1923), que dicho sea de paso pocos españoles –coleccionistas o no- sabían que existía.
Mis recuerdos de aquel particular evento con sus actividades asociadas, son aún muy densos, entre otras razones porque fui nombrado Comisario General de la exposición, cargo que me exigió múltiples gestiones con visitas sociales y sociables, tanto en el mundo castrense como en el civil, y a caballo de ambas surgió mi personaje inolvidable, Antonio Mingote Barrachina, a cuya memoria dedico estas líneas con todo afecto.
Concerté una reunión previa para conocernos los integrantes de los dos grupos de trabajo, uniformados y de paisano, y expuse con amplitud la estrategia y la táctica del alcance de la Exposición. A la hora de pergeñar el obligado logotipo, coincidimos en que la protagonista por excelencia debía ser una paloma mensajera militar, y ante la pregunta sobre qué dibujante podría diseñarla con garantías de éxito que nos satisficiera a todos, un coronel del Gabinete del JEME (Jefe del Estado Mayor del Ejército) portavoz del mismo en aquella reunión de trabajo, dijo convencido: “¡Acudamos a Antonio Mingote, que en estas lides siempre nos ha sacado las castañas del fuego, con chispa y gran acierto!”
Acordamos la cita con el insigne humorista y académico de la RAE, y en ella le expusimos nuestros propósitos. El irrepetible humorista y teniente coronel de Infantería honorario, esbozó en cinco trazos –ante el asombro de los presentes-, una paloma volando con una carta en el pico, que he traído a estas líneas porque es prácticamente inédita, ya que nunca se divulgó, aunque yo tengo la suerte de guardar esta inestimable copia .

Primer boceto de una paloma mensajera de Mingote.
Aquel primer esbozo mostraba a la protagonista alada descendiendo con el “tren de aterrizaje” dispuesto hacia adelante, a la vez que las alas frenaban como si fueran los alerones de un avión, incorporando un gallardete o banderola con las tres franjas de nuestra enseña nacional flameando tras el animal-cartero.
El maestro Mingote puso el carboncillo en ristre y nos miró buscando nuestra aprobación. Ninguno nos atrevíamos a pronunciar palabra, atónitos ante el magnetismo de aquellos sencillos trazos, pero la obra maestra definitiva estaba por llegar. Se nos ocurrió sugerirle, desde nuestra humilde ignorancia, que quizás la paloma debiera aparentar estar en pleno vuelo con las alas dando sensación de batimiento, y por lo tanto que el gallardete flameara más airosamente. Y añadimos que, si bien el elemento postal lo definía muy bien la carta que la paloma llevaba en el pico, ¿no podría añadir al conjunto un pequeño toque castrense, dada la pertenencia de la columba al Ejército de Tierra?
No habíamos acabado de expresar la idea en voz alta, cuando el eximio Mingote movió el carboncillo de nuevo sin apenas rozar el papel, y nos ofreció el segundo y definitivo esbozo de la ya “inmortal” paloma mensajera.

Boceto definitivo del logo de una paloma mensajera militar de Mingote.
El lector puede comprobar en la imagen oficial, que no sólo el ave aletea con fuerza imprimiendo una airosa imagen a la banderola, sino que su ala derecha semeja el casco de un soldado. ¡El toque castrense! Los presentes murmuramos satisfechos por su inspiración, a la vez que felicitamos al artista efusivamente.
Aquel primer encuentro con el ilustre Antonio Mingote supuso para mí la apertura de un extraordinario capítulo en mi vida, ya que desde el primer momento me honró con su amistad hasta su fallecimiento en 2012, a los 93 años de edad. A lo largo de la exposición nos seguimos viendo y conociendo en el Museo Postal, en la FNMT, en su propio domicilio, y naturalmente en el Palacio de Buenavista, sede del Cuartel General del Ejército, donde los dos compartíamos –sin saberlo-, excelentes amigos “estrellados” de alto copete.
Con el logo de Mingote recién nacido en bandolera, procedimos a la elección del efecto postal recordatorio de la exposición y de los motivos que la crearon. La mayor duda estaba en si debía ser un sello o un aerograma, y a su vez el diseño del efecto elegido. Optamos por el aerograma ya que ofrecía mucha más superficie para recoger los temas alusivos al 75º aniversario de la Colombofilia Militar.

Copia en grande del aerograma conmemorativo del 75º aniversario de la Colombofilia Militar cedido por Correos a la Academia Militar de Ingenieros. El autor con los generales Juan Narro y Francisco Boyero.
El conjunto final ya conocido y catalogado, lo podemos ver en el acto oficial del ingreso de una copia en grande del mismo, por cortesía de Correos, en el museo de la Academia de Ingenieros Militares en Hoyo de Manzanares (Madrid) (30/5/1999). En la instantánea el autor diserta sobre la relevancia del aerograma y la importancia de su alta en el museo, en un acto público presidido por el teniente general Juan Narro Romero, Comandante del Mando Conjunto del Suroeste de la OTAN (izda.), y el general Francisco Boyero Delgado, Director de la Escuela de Ingenieros Militares (dcha.).
Por cierto, el acertado logo fue elegido como matasellos de Primer Día de Circulación del Aerograma, e incluso aplicado sobre algunos colombogramas que una bandada de palomas mensajeras llevaron desde los jardines del Palacio de Buenavista a su palomar en El Pardo, en la concurrida suelta que anunció la inauguración de la Exposición el mismo día 20 de febrero. Posteriormente las epístolas aéreas fueron recuperadas de los anillos portadores de las patas de las aves y entregados a sus destinatarios, como el que me envió el teniente coronel Jefe del Batallón de Transmisiones y Servicios Especiales (BTSERES), Antonio Mayandía, que trae todos los registros reglamentarios así como que la portadora de mi mensaje era hembra de nombre “Rodada”

Colombograma recibido por el autor desde el palomar de El Pardo con los matasellos oficiales de la Exposición y el diseñado por Mingote.
Ese día de la inauguración de la exposición “Las Comunicaciones y el Ejército en la Paz”, Antonio Mingote tuvo ocasión de analizar en mi colección (Foto 5) algunas de aquellas octavillas que él recordaba haber visto

Antonio Mingote y J.M. Grandela analizando la colección de este último, de octavillas voladas por cohete en la Guerra Civil. Autógrafo de Mingote.
sobrevolando la “tierra de nadie” en noviembre de 1938 por tierras de Castellón, cuando “estampillado” de Alférez Provisional de la Quinta División de Navarra comenzaba a reconquistar Cataluña para España, como decía uno de aquellos pasquines originales allí expuestos. Los documentos inéditos que yo había hallado tras seis años de investigación en archivos españoles y foráneos, llamaron tanto su atención que me invitó a visitarle en su domicilio en la primera ocasión posible, para extendernos sobre aquel capítulo agridulce de su vida, la Guerra Civil, que tenía difuminado a jirones en parcelas recónditas de su memoria.
La aparición de una personalidad de la talla de Antonio Mingote en el mundo de la Filatelia no pasó desapercibida para los mandamases de Correos, que le concedieron el honroso título de Cartero Honorario de España, como a su predecesor y compañero académico de la RAE, Camilo José Cela. Aunque el título fuera honorífico, le permitía el uso del uniforme pero sin sueldo, y el empleo de la franquicia de cartero honorario, que él mismo podría diseñar. Con este nombramiento Mingote se convertía en el Quinto Cartero Honorario Español.
En uno de nuestros encuentros, el dilecto dibujante me confesó que le hacía ilusión el poder franquear la numerosa correspondencia que tenía con su impronta personal, que aún tenía que diseñar. Añadió en plan confidencial, que cuando se casó en 1966 con Isabel Vigiola, ésta en su afán de limpieza y orden de su nuevo hogar, descubrió un fajo de cartas sin abrir nada menos que desde 1955. Estaba claro que Mingote necesitaba una esposa–secretaria con toda urgencia.
Al acto oficial de entrega de los documentos acreditativos se celebró el 17 de junio de 1998 en el Museo Postal y Telegráfico, del ya nunca más Palacio de Comunicaciones de Madrid (ahora acopio de vanidades y reyertas bajo el membrete de Ayuntamiento de Madrid). Al acto le acompañó el también Cartero Honorario Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura, amén de una pequeña multitud de filatelistas y admiradores del inefable humorista gráfico.

Presentación del nuevo Cartero Honorario, Antonio Mingote, acompañado de su predecesor Camilo José Cela, con las franquicias de ambos.
El diseño de la franquicia honoraria nos sorprendió a todos por su originalidad y atractivo. Muestra a una cartera alada, bien rellenita de carnes, “marca Mingote”, soplando una cornamusa a moflete batiente para anunciar que va a entregar una carta. La impronta –que sigue llamando la atención de unos y otros-, rebosa personalidad, como otros miles de dibujos tan conocidos por la prensa de Antonio Mingote. Debo su reproducción en estas líneas a la cortesía de la viuda de Antonio Mingote, la encantadora Isabel Vigiola, ya que es parte de la colección de recuerdos de su marido.

Franquicia de Cartero Honorario diseñada por Antonio Mingote. Cortesía de Isabel Vigiola.
Y hablando de doña Isabel, no puedo por menos que recordar la simpatía con que me atendió siempre en su domicilio del barrio del Niño Jesús junto a su marido Antonio Mingote, cada vez que el académico me invitaba a compartir el relajante café vespertino que nos servía Isabel, mientras retomábamos nuestra última plática que, como los cuentos de “Las mil y una noches” siempre dejábamos inacabada.
Aunque en mi primera visita acudí provisto de mi colección de panfletos y soflamas de ambos ejércitos a la greña en nuestra Guerra Civil, nuestras charlas fueron derivando en visitas posteriores a capítulos de la Historia Militar de España, luenga y riquísima en hechos gloriosos, para seguir con la historia de la Humanidad, destacando en ella la devoción compartida por la Ciencia –así, en mayúsculas-.
La conexión Mingote – Correos seguía avante y cada vez más ligada, así se llegó a un acuerdo en el que Mingote diseñara los sellos de la novísima “Correspondencia Epistolar Escolar”, con valores reducidos, que pretendía animar a los escolares de todos los colegios a cartearse con los niños de cualquier otra escuela de la vasta geografía hispana, contando su vida e inquiriendo sobre la de su corresponsal. La idea era magnífica y revolucionaria, y Mingote se ofreció a dibujar 24 episodios de “El Quijote”, en otros tantos sellos repartidos en dos hojas bloque de 12 ejemplares cada uno.
Agradezco a mi amiga Lucia Gálvez Campo, esposa de José Pedro Gómez-Agüero, quien amablemente me ha prestado los dos pliegos que el autor le firmó el día de su emisión (25/9/1998) en Arganda del Rey.

Pliegos con los 24 sellos de El Quijote, diseñados por Antonio Mingote para la Correspondencia Epistolar Escolar. Autógrafo de Mingote a Lucía Gálvez Campo.
Esta es la ocasión propicia para mencionar que Mingote siete años después, en 2005, aprovechando la celebración del 400º aniversario de la primera edición de “El Quijote”, publicó una edición adornada capítulo a capítulo con sus excelentes dibujos, nada menos que 600, que allanan el camino a los jóvenes lectores que siempre han sido remisos a lanzarse a la lectura de tan colosal narración. Puso tanta devoción y entusiasmo en su reto manchego, que al concluir la obra, algunos académicos la rebautizaron como “Don Mingote de la Mancha”, y yo, que tengo mi propio ejemplar en las manos, coincido con ellos.
José Manuel Grandela Durán. Académico de la RAHFeHP.
FEB
2021
