
Los primeros sellos de Chile son muy conocidos y apreciados por los filatelistas. Nos referimos a los que muestran la imagen de Colón y que fueron emitidos entre 1853 y 1866, e impresos por Perkins, Bacon & Co. en Londres, Desmadryl y Gillet en Santiago, el propio Correo chileno,…. Son los célebres “colones” con valores de 1 ctvo, amarillo, 5 ctvos, rojo-marrón, 10 ctvos, azul y 20 ctvos, verde, con todas sus impresiones y tonalidades.

Con estos sellos se han formado colecciones míticas que han obtenido Grandes Premios. Así el chileno, afincado en España y exponiendo como español Joaquín Gálvez Naranjo, obtuvo el Gran Premio Internacional en ISTANBUL 63 y años más tarde el Gran Premio de Honor o Clase de Campeones en ESPAÑA 75, en Madrid.
Posteriormente con una colección de primeras emisiones chilenas, el suizo Gerhard Blank volvería a obtener el Gran Premio de Honor o Clase de Campeones en PHILAKOREA 84, en Seul, y ya en el siglo XXI, el británico-israelí Joseph Hackmey, que presume de sus orígenes sefarditas, logró reunir otra extraordinaria colección, que fue candidata al Gran Premio Internacional en ESPAÑA 2000, en Madrid, subastada por Corinphila en 2018-2019.
Sin embargo, a veces hemos visto en colecciones españolas, generalmente temáticas, sobre Colón, la navegación, el descubrimiento de América,…. unos ¿sellos? que se parecen mucho a aquellos, pero que nada tienen que ver con los mismos, salvo en que portan la misma imagen de Colón.
Veamos de que se trata. En 1910, con motivo de la celebración del Primer Centenario de la Independencia de Chile, el Doctor Hugo Hahn, médico de origen alemán residente en Valparaíso, que mantenía buenas relaciones en esferas gubernamentales, obtuvo autorización para reimprimir exclusivamente los sellos de 20 ctvos, cuya plancha original preparada por Perkins, Bacon & Co. de Londres, había conseguido adquirir.
Un Decreto Núm. 679, de 29 de marzo de 1910 le autoriza a imprimir:
- 400 pliegos, color amarillo, con sobrecarga negra de 1 peso.
- 200 pliegos, color rojo, con sobrecarga azul de 5 pesos.
- 40 pliegos, color azul, con sobrecarga carmín de 10 pesos
- 4 pliegos, color verde, con sobrecarga violeta, de 20 pesos.
Estos pliegos serían de 240 sellos cada uno (20 filas por 12 columnas) y se imprimirían sobre papel con filigrana estrella y la palabra CHILE.
Hubo las correspondientes protestas, sobre lo que ya se preveía que podía pasar y un nuevo Decreto Núm. 3186, de 3 de agosto de 1910, anulaba la autorización anterior y ordenaba incinerar lo realizado y encargaba la conocida serie del Centenario a la American Bank Note Co. de Nueva York.
¿Qué creen los lectores que sucedió? Pues que la imprenta Universo y el Doctor Hahn, incineraron poco o nada, y que ambos, imprenta y doctor, siguieron la producción con pliegos sin dentar, con y sin filigrana, con tinta de varios colores, grabados, litografiados,….y todo lo que el amable lector pueda imaginarse e incluso algo más.
Tanto que hasta hay colecciones con exclusivamente este material que hemos visto expuestas en Exposiciones Filatélicas internacionales. El chileno Carlos Vergara, residente en Estados Unidos, presenta 5 cuadros=80 hojas de “The Hahn reprint of Chile” con pliegos y más pliegos, pruebas y más pruebas,….de este material.
La encontramos en la Continental F.I.A.P. EXFIL 2018 de Santiago de Chile y en la Continental F.I.A.P. BUENOS AIRES 2019. Inscritas en la Clase de Filatelia Tradicional, como al parecer se venía haciendo, con éxito, en los Estados Unidos. Y este Team Leader, que les escribe, tuvo que emplearse a fondo, señalando que por mucho que los jurados norteamericanos lo aceptasen, ese material ni tenía autorización legal, ni había circulado nunca y por lo tanto no se podían juzgar como una colección filatélica. Lo mas cerca, como dicen los británicos, viñetas o cinderellas. Al final hubo que crear una Clase de Estudios Especiales para incluir esta y otras colecciones parecidas, que haberlas, haylas.
A título de ejemplo, presentamos alguna de las piezas típicas, que aparecen en las casas de subastas por internet, y que tientan a los expositores poco expertos o desconocedores del asunto.

¿Qué hacer si tenemos este material? Con los sobrecargados, dejarlos en el clasificador y no exponerlos, aunque aparezcan tan bonitos y hasta con sobrecargas invertidas. Con los no sobrecargados, quizás una posible solución sea poner juntos ambos: los genuinos de 1853-1866 y estas piezas de más de medio siglo más tarde, explicando claramente la diferencia. El jurado puede apreciar, al menos, un cierto nivel de conocimientos.
Pero estas piezas no solamente no aportan nada, sino que minusvaloran una colección filatélica.
Fernando Aranaz del Río.
Presidente de Honor de FESOFI.
FEB
2021
