
Posiblemente, el fútbol cuente con igual número de entusiastas seguidores como de vehementes detractores, pero lo que no admite discusión es su gran capacidad para generar sentimientos, pasiones y emociones a una gran masa de aficionados ya que goza de una popularidad extraordinaria extendida por todos los rincones del planeta, por lo que se ha ganado la consideración de fenómeno de plácida globalización.
A los ojos del hincha, el resultado de un encuentro futbolístico representa el concepto supremo del esfuerzo colectivo realizado por los jugadores en el terreno de juego; el aficionado quiere confrontación, triunfos, títulos…y así debió captarlo quien ideó uno de los matasellos que utilizó el correo uruguayo para publicitar la disputa de la primera Copa del Mundo, en 1930, organización concedida por la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) al país charrúa en virtud de sus éxitos futbolísticos en las olimpíadas de París (1924) y Ámsterdam (1928), medalla de oro en ambas ocasiones. El texto de la marca postal que se muestra en este documento está en sintonía con el deseo de comparar fuerzas deportivas para determinar un vencedor final: “En 1930 Europa y América disputarán supremacías en football”.
En esta primera edición compitieron trece selecciones nacionales, nueve americanas y cuatro europeas, siendo la victoria final para Uruguay, que se impuso a Argentina (4-2) en un emocionante encuentro. Hasta la fecha se han disputado 21 ediciones de la Copa del Mundo, y, a pesar de la incuestionable expansión del fútbol, la evidencia histórica refiere que la rivalidad continental en cuanto a resultados se mantiene en exclusiva entre Europa y América ya que en doce ocasiones han vencido países del viejo continente, frente a los nueve triunfos de las selecciones sudamericanas, con lo que el paradigma que anunciaba el matasellos sigue plenamente vigente 90 años después.
Es de recibo señalar que todo lo dicho se refiere a la competición masculina, pues las féminas, en una larga lucha por superar todo tipo de trabas, derivadas sobre todo de la identificación histórica del deporte con un modelo específico de la identidad masculina, tuvieron que esperar hasta el año 1991 para disputar la primera Copa del Mundo de Fútbol Femenino, edición que se celebró en China.

Respecto a los aspectos postales de la pieza, la tarjeta fue depositada en el correo en fecha 25/2/1930, indicándolo así el fechador “F-Montevideo-E”, uno de los tres tipos utilizados con el mismo texto publicitario, que ocupa tres líneas en el matasellos mecánico. Está franqueada con un valor de 3 centésimos, que corresponde a la tarifa para impresos por vía de superficie, válida para que llegue a su destino, la ciudad argentina de Rosario. La parte ilustrada muestra el bello edificio del Hotel Carrasco, hoy en día todavía en uso, ubicado en la selecta zona residencial del mismo nombre en la capital uruguaya.
Joan Miquel i Llompart

FEB
2021
