
En 1883 aparecen en Gran Bretaña las primeras lámpara eléctricas, en la región de Glasgow. En 1915 eran ya cerca de 75.000 las unidades que estaban en funcionamiento, estaban construidas con un grueso cilindro de metal, que albergaba en su parte interior la batería muy pesada. La bombilla estaba en la parte superior, protegida por una gruesa ampolla de vidrio.
Su cierre era magnético o de tornillo, aislada totalmente para evitar cortocircuitos que pudieran producirse al entrar en contacto con el metano.
Modelos similares empezaron a utilizarse en Francia 1920, siendo las minas de Carvin las pionera en su uso.
Al no usar llama, todos los modelos tenían el inconveniente de no poder detectar la presencia de grisú, siendo Arras el principal fabricante francés de estas lámparas.
En Bélgica, la Cie. Auxiliere des Mines fabrico varios modelos entre 1905 y 1940, así como la compañía Lamaire. Un modelo fabricado por esta última compañía estaba en funcionamiento en 1956, en la mina Bois de Cazier de Marcinelle (Bélgica), se produjo una explosión el 8 de agosto de 1956, en la que 261 mineros perdieron su vida. En este accidente no se puede imputar al uso de dichas lámparas.
Otros fabricantes germanos, entre los que se encuentran CEAG, Dominit y DEAC entre otros, fabricaron aparatos más pequeños pero totalmente aislados, teniendo en regla todos los requisitos de seguridad establecidos por los reglamentos mineros. Por otro lado, tenían un inconveniente ya que su peso solía alcanzar los dos o tres kilogramos.
En los años 30, Adaro fue el único fabricante que presento estas lámparas cilíndricas con baterías de la casa Tudor

Adaro – Gijon 1950.
Todos estos modelos fueron dejándose de usar dando paso a las lámparas de casco actuales, baterías más potentes, ligeras, lámparas halógenas.
En la actualidad, muchas de ellas cumplen su cometido, permitiendo al minero una óptima visión y contribuyendo a la mejora del duro trabajo en las minas de todo el mundo.
,

José Luis de la Cruz Rodríguez
FEB
2021
