
En una muestra filatélica celebrada en la sala de exposiciones del Banco de Bilbao en Oviedo, presenté por primera vez lo que en aquella época, hace más de un cuarto de siglo, empezaba a ser una colección y estudio sobre las marcas y matasellos utilizados por el correo en Mieres desde su apertura en 1824. Debo decir en honor a la verdad, que fue siguiendo el ejemplo del buen amigo y filatelista D. Enrique Barona Leal, que tenía una magnífica colección sobre la Historia Postal de Avilés.
Poco a poco fui haciéndome con diferentes piezas de distintas épocas y cada una de ellas servían de estímulo para seguir avanzando, y llegar en la actualidad a completar más de 120 hojas, incluyendo marcas, matasellos, censuras, franquicias, franqueos mecánicos, etc.
Volviendo al principio, el presidente del Grupo Filatélico Ovetense me invitó a participar y, por primera vez, me atreví a presentar lo que iba formando cuerpo sobre la Historia Postal de mi localidad natal. Estando tomando un café un grupo de filatelistas en un bar cercano, se acerca uno de los responsables de la exposición y, para nuestro asombro, nos comenta que hay una persona que está exigiendo una carta expuesta en una colección, aduciendo que era suya.
Al llegar junto a una señora de edad mediana, me indica una carta de mi colección, dirigida a D. Arsenio Rodríguez, que se encontraba hospitalizado en el Hospital Militar de Vitoria, con diferentes heridas producidas en el frente.
La señora muy convencida argumenta que el destinatario, vecino de La Rebollada, era su padre razón mas que suficiente para justificar que la carta era suya. Con toda la amabilidad del mundo le expliqué como había llegado aquella carta a mi poder, regalada por un familiar de su padre y por tanto familia suya, que entendía sus motivos sentimentales, pero por nada me iba a desprender de una pieza que para mi daba prestancia a mi colección por todas las peripecias y vicisitudes por las que había pasado y quedaban reflejadas en el frontal de la misma.
Una vez enviada la carta con su franqueo correspondiente de 30 cts. debidamente matasellada y con la marca de censura, como vemos perfectamente estampada en violeta amén de las loas a Franco y al Régimen, obligatorias en aquella época. Al llegar a su destino el enfermo había sido dado de alta y desde el hospital a lápiz en la parte superior ponen “Curado” y la devuelven al remite, escribiendo una “D” que envuelve toda la dirección y lo legalizan de alguna manera con un cuño de la dirección del Hospital. Para destacar más la singularidad del sobre, en Correos de Vitoria vuelven a matasellar el sello, como si de una carta normal se tratase el 10 de mayo de 1938, encima del matasellos de Mieres.
Después de exponerle lo que para mi hacía importante la carta dirigida a su padre, le ofrecí hacer una fotocopia y encantado se la daría, quedando en volver a pasar por allí para recogerla. La hija de Arsenio no volvió a aparecer por la exposición, por lo que supuse que había desaparecido su interés y reafirma el pensamiento que tenemos muchos coleccionistas, que en nuestro poder, todas estas pequeñas reliquias se mantienen perfectamente conservadas con al menos tanto cariño e interés como si de sus familiares se tratasen y esta bonita carta, que nos describe perfectamente todo lo sucedido a la carta, además del mierense Arsenio, herido en el campo de combate y felizmente recuperado y hoy recordado gracias al maravilloso mundo de la filatelia.
ANGEL IGLESIAS VIDAL

ENE
2021
